sábado, 11 de junio de 2011

Isabel la oxidada

Esta es la historia de Isabel, la conocí en una convención, ella no era como los demás, tenía unas hermosas piernas de madera y reluciente torso de metal; aun asi se veía hermosa, después de platicar, después de platicar decidió irse a vivir conmigo.

La empecé a amar desde que la vi, yo le contaba mis penas y aventuras y ella me platicaba la historia de sus antepasados; Isabel tenia un poder muy singular, sus manos eran afiladas y tenían mucho poder; me contó que los que la precedieron eran igual, y ayudaron a los guerreros de la antigüedad a ganar importantes batallas. Isabel quería sentirse igual de útil que sus anteriores, no quería ser como una reliquia en la casa, le ofrecí entrenar para que juntos hiciéramos cosas grandes, ella acepto.

Nos dedicábamos a investigar, leíamos historias, veíamos vídeos donde hombres bailaban con seres como ella, decidí que primero debíamos aprender a movernos con gracilidad, no éramos los mejores pero lográbamos grandes avances. Me gustaba bailar con Isabel, y la gente así nos lo hizo ver, algunos nos temían, otros nos envidiaban, otros de plano nos ignoraban. Decidí que había que hacer algo más, así que me enfoque en sus poderes, empecé enseñándole a partir manzanas por la mitad, parecía fácil, pero se necesita concentración y precisión para tener un corte perfecto, la gente nos admiro más

Me sentía feliz entrenando a Isabel, cada día la adoraba mas, pero un día, cuando practicábamos nuestros pasos de baile, descubrí algo en ella que me desconcertó, sus manos se habían puesto amarillas; la gente empezó a llamarle Isabel la oxidada, empezaba a preocuparme, sin embargo, seguí con los entrenamientos. Cada día, Isabel se ponía peor, su piel perdía color, tomaba un tono más amarillento sobre uno opaco y apagado, mis manos también resultaron afectadas, se llenaron de ampollas y cortes, no sabia que hacer.

Un día, un hombre sabio se me apareció y me dio una enseñanza, un gran poder debe usarse para el bien y no para impresionar a los demás; después me hizo entender el problema, me enfoque tanto en el placer que me daban los entrenamientos, en tratar de impresionar y divertirme con mi querida Isabel, que olvide darle los cuidados necesarios y ahora Isabel estaba oxidándose y si seguía así, la iba a perder. Me sentí mal conmigo mismo, me sentí un monstruo, así que decidí dejar las manzanas, los bailes y la empecé a cuidar, le limpie sus heridas, le puse ungüentos de aceite de clavo para proteger su piel, le decía a cada rato palabras de afecto y me puse al pendiente de su situación; entonces su estado mejoro, seguía viéndose opaca, pero ya no se veía como Isabel la oxidada, pronto se vería bella y reluciente como cuando la conocí.

Ahora Isabel descansa, el tiempo decidirá si retomamos los entrenamientos, pero mientras yo aprendí una lección de vida que usted, lector, puede aplicar: cuando se tiene un amigo, incluso cuando se tiene un amor, se pasan momentos divertidos y felices, la gente los vera con envidia tal vez, y usted sonreirá, pero ojo, de vez en cuando hay que darle mantenimiento a esa relación, a base de la comunicación, de las muestras de cariño y de la constante atención al estado físico y mental de aquel con quien compartimos esos momentos, pues de lo contrario esa relación de amor o de amistad se puede oxidar y en el peor de los casos, se puede perder. Quiere a tu prójimo, atesora esos momentos que vives con el y no dejes que le pase lo que a Isabel, que con el tiempo se oxido…

lunes, 6 de junio de 2011

Por la mañana del 6 de junio

Esta mañana empece a leer "Demian", de Herman Hesse, la introducción me basto para tener un encuentro conmigo mismo, quisiera citar algunas partes para que usted lector haga un auto conocimiento:

"Los poetas cuando escriben novelas, suelen hacer como si fueran Dios mismo y pudieran abarcar con su mirada toda una historia humana, comprenderla y exponerla revelando en todo momento su mas intima esencia. Yo no puedo hacerlo así, como tampoco los poetas, pero mi historia es mas importante que a cualquier poeta la suya, pues es la mía propia y es la historia de un hombre... No soy un hombre que sabe, he sido un hombre que busca y lo soy aun. Mi historia no es agradable, no es suave y armoniosa como las historias inventadas, sabe a insensatez y a confusión, a locura y a sueño, como la vida de todos los hombres que no quieren mentirse mas a si mismos"

Y yo reflexiono: "aquel hombre que diga que sabe todo ¿ conocerá tambien su propia ignorancia? El conocimiento es la esencia misma del hombre que nace y vive, es el oxigeno de aquel que tiene el poder del raciocinio y la reflexión. Tener todo el conocimiento atenta contra la dignidad del mismo hombre, pues debe conocer la esencia y el alma de todas las cosas y de todos los seres animados e inanimados, y entonces ya nada tendría que hacer en este mundo... Aquel que diga saber todo esta preparado para morir de aburrimiento.

Dijo Socrates, "conócete a ti mismo", creo entonces estará preparado para conocer lo demás, pero para conocerse a uno mismo debe comprender su nacimiento, su existencia, su mundo y su propio fin, ¿que tiempo habrá para el resto si la muerte es la culminación del auto conocimiento"