martes, 11 de septiembre de 2012

Carta de un Sacrificio



Cuenta un reportero, amigo de mucho tiempo, que a sus manos llego una carta; se encontraba el  de guardia en un hospital, velando a su madre enferma, cuando un hombre alto de rostro joven y demacrado, ojos enrojecidos, figura melancólica y músculos fuertes se acerco a el, entrando sin pena al cuarto de hospital y con las siguientes palabras le entrego el papel
- Buen hombre, le deseo salud a usted y su familia, acepte mi testamento, que mi legado se haga presente…
Pidiome mi amigo que leyera la carta antes de contarme las cosas sublimes y mágicas que después se dieron lugar, he aquí la transcripción:

“Veinticuatro años he vivido, en 24 años tantas cosas y jamás pensé en el suicidio.

Desde el tiempo que tengo memoria nunca me he sentido pleno, viví mi crecimiento con el reproche de haber arruinado la vida de un hombre; mientras crecía, escuchaba las mismas frases, “no te desee, si no hubieras nacido, eres solo un compromiso, me cuesta llamarte hijo” entre otras mas especificas que el pulso de mi mano se niega a escribir; en la sociedad las cosas no eran mejor, siempre anduve solo; hasta hoy la gente terminaba abandonándome, me he vuelto invisible hasta para mis amigos; desempleado, pobre, sin fuerza... todo esto en una persona normal lo hubiera llevado a pensar en el suicidio, pero he de aclarar que no soy una persona normal, alguna vez leí una frase: “en el fondo es mas poético y mas sublime expirar por la vida en si que por la propia mano” este ha sido mi lema, encontré la poesía en las entrañas del sufrimiento; aprendí a sonreír, aprendí a meditar, busque la tranquilidad dentro de mi y entonces mi sonrisa me atrajo un respeto indiferente por parte del mundo: el hombre educado en un ambiente violento, sabiéndose superior y creyendo conocer su dominio mata mas de lo que debe,  aplasta, tritura, destruye todo lo que cree inferior dentro de su mundo, su especie y las demás especies, pero cuando esa violencia y dominación no ejercen ni en la destrucción el efecto deseado (el efecto de control) ocurren dos escenarios: el violento ve a la victima como igual o simplemente lo ignora, le es indiferente; mi sonrisa me dio un poco de ambos y entonces pude sobrellevar la realidad en el rango que el ritmo de mi vida y el tiempo me lo permitían; seguí creciendo, me forje un camino, visualice mis metas, sin embargo, fue desde el día de mi graduación que me di cuenta de lo cruel y vacío que es en realidad el mundo.

Al punto en que se encuentra mi historia me sentía tranquilo en mi monotonía, conforme con las hipocresías de los mismos rostros que rodeaban mi vida, Después que acabe mis estudios perdí esa tranquilidad, de pronto deje de ser parte de mi familia, hasta ellos me miraron con indiferencia, por lastima salía con ellos en lo que era antes una “bonita salida familiar”, pero en esos viajes siempre se referían a “la familia y ese cabron”, mis amigos desaparecieron, nadie me busco, de vez en cuando aparecía entre ellos y todo se volvía un acto amable de hipocresía; el lugar que antes llame mi hogar ya no lo sentí mi hogar, ya no había nada para mi aquí.

A la altura de mi vida me llene de dudas, de tristeza, mi fuerza se extinguía, mi vitalidad se pierde lentamente, pero aun lograba sonreír, salía a la calle y observaba toda esa gente tan metida en sus vidas; había dolor en el asfalto, el cielo lloraba melancólico, la tierra triste y nadie se preocupaba por animar la ciudad; tenia ganas de ayudar, de sentir que mi vida llevaba algún sentido, pero me sentía tan impotente, viendo a la gente en sus conformistas vidas vacías, creyendo ser felices por que pueden vivir, pero viven únicamente por que están vivos, un mundo de sobrevivencia  desee tanto que de pronto, al cruzar la esquina, o al subir al metro, dentro de un restauran o en algún parque donde me sentara a descansar apareciera un ángel que se acercara a mi, me tendiera su mano, esperaba un milagro, pero era un fantasma ambulante, llegaba a mi casa y era tan la misma situación, sentía ganas de vaciar mi alma de ese liquido triste que se filtra en el alma con las emociones pero mis ojos estaban secos; quería desaparecer, sentí flaqueza, pero aun así absorbí todo ese sufrimiento y lo ignore, seguía sin pensar en la muerte.

Un día, no muy alejado de hoy, un pariente enfermó, se desplomo de repente, me ofrecí a llevarlo al hospital, no fue nada grave, algo de la presión, pero los médicos decidieron dejarlo una noche para observación, yo me quede con el, meditaba sobre esos dos momentos en que eres totalmente visible para la sociedad, cuando debes pagar, o cuando necesitan algo de ti, como ese día, al ofrecerme les evite la fatiga de llevarlo, al final todos somos fantasmas que solo aparecen cuando la gente siente necesidad de creer. En un momento así salí a tomar aire, me sorprendió ver mucha gente en el cuarto de a lado, me acerque a investigar, el paciente estaba muriendo, un derrame cerebral, un medico cruel y fríamente les había dicho que moriría en cualquier momento, al enterarse de la noticia toda la familia había acudido para apoyarse, a la casa del hombre llegarían los amigos del desconocido, esto lo supe al hablar con la hija del viejo, vivía solo, ella con sus dos hijos al otro lado de la ciudad, el resto venia de Puebla, todos se reunirían para despedirlo “no recordaba que la familia fuera tan grande” me dijo “me hubiera gustado estar mas tiempo con el”. Las palabras de la mujer entraron en mi ser y llenaron mi cuerpo hasta mi cerebro como un torrente de frió liquido induciéndome a la reflexión, aquella noche, una después de conocer la historia del viejo, decidido y animado, me dispuse escribir esta carta.

Veinticuatro años he vivido, en 24 años jamás pensé en el suicidio, por mas vacía que fuera mi vida, planeaba expirar en mi propio sufrimiento, en la espera inútil de un milagro, pero hoy  tras acercarme a la gente he tomado una decisión, al no encontrar sentido a la vida lo he de encontrar en la muerte.

Esto no es una carta de suicidio, esta es una carta de un sacrificio, es el legado de un guerrero que ha perdido la batalla pero sigue en pie  por que la espada le sirve de bastón, de pronto volteo la mirada y no hay nadie atrás, el tiempo sigue disparando sus cañones y yo estoy solo; amigo que lees esta carta, he de morir el día de hoy, he de terminar por la mano propia, es la única manera que encuentro en esta sociedad de morbo para que mi gente se levante y se una otra vez, es la muerte la que lanza sus tambores y llama a los curiosos a acercarse y a las familias a llorar, que mi muerte se conozca, no se cuantos vengan a mi funeral, seguro hablaran de lo bien que la pasaron con quien creyeron que era una pared, o quizás dirán lo bien que lucia el que jamás voltearon a ver, pero lo que estoy seguro es que en ese funeral existirán muestras de amor, no para mi, no las quiero, no vale la pena ya escuchar falsas hipocresías de condolencia, que hayan muestras de cariño entre mi familia, entre mis amigos, entre aquellos que alguna vez se cruzaron en mi camino, que se unan, que se vuelvan a ver, que recobren esos lasos que la sociedad y el orgullo les obligo a romper. Ya pasado mi luto que se me entierre sin ataúd en medio del bosque, que de mi nazca vida y que la gente sepa que allí estaré dispuesto a escuchar, invisible como siempre fui, pero sonriendo en el viento; este es mi legado, que se haga cumplir”

Terminada la carta voltee a ver a mi amigo, le exprese mi opinión: una carta de muy buenos deseos, pero suicida al fin; el se rió y soltó una tras otra las siguientes palabras: 

- Amigo mío, si hubieras visto al muchacho entenderías mejor, este hombre amo la vida pero la vida no lo amo a el, si vieras la sonrisa del hombre, no vi jamás una sonrisa como aquella, pareciera al verla que todo en el mundo estaba en paz” después tomo una silla, se sentó en frente de mi, suspiro y me contó luego el milagro que ocurrió y las cosas mágicas que ocurrieron después:

 - Empecé a leer la carta en el cuarto de hospital cuando escuche gritos en el pasillo, ya se escuchaban a lo lejos pero ahora estaban aquí, salí a ver lo que ocurría y me encontré con una mujer desesperada, “¡necesita un corazón!” gritaba “Sálvenla! ¡Mi hija necesita un corazón!” supe después que su hija había sufrido un accidente, lo que le atrajo un problema del corazón y ahora urgía de uno nuevo, a pesar de ello la pusieron en lista de espera y la madre cayo en desesperación; mientras observaba a la mujer, a mi lado apareció de nuevo el joven, “no cabe duda que algunos nacimos para morir, pues que mi muerte sirva para dar vida al que la necesite” me miro y después dijo señalando la carta que aun llevaba en la mano: “diles que me mate, que todo siga de acuerdo a mi plan”. Se acerco a la mujer entonces y la abrazo,  se señalo el pecho y asi se dirigió a ella “he aquí el regalo de la vida, que lo aproveche y que se riegue con amor” después se fueron los dos.

Mi estimado, dada mi profesión estaba decidido a publicar esta historia, eso me animo a investigar lo que sucedió despues que se fueron: amenazo con matarse si no hacían el transplante, asi fue como lo aceptaron;  cuando hable con los doctores me dijeron cosas tan increíbles que si no hubiera visto al chico jamás las hubiera creído, al momento de abrir el pecho de el broto una mariposa de hermosas alas verdosas, cuando sacaron el corazón estaba cubierto de una espesa sustancia negra como el petróleo, al momento de limpiarlo el órgano de pronto parecía brillar, palpitaba con demasiada fuerza, mas de lo normal, de el brotaba una especie de luz calida, no era un brillo tal que iluminara sino un brillo interno que cegaba la vista y calentaba como fuego en noche invernal; decidieron continuar con el trasplante. Del joven, jamás pude localizar a su familia, no tenia ningún dato, por eso planeo publicar un articulo, para que su legado llegue a mas personas aun, su cuerpo se enterró en el bosque como lo pidió, de la tierra está brotando un árbol, crece mas rápido de lo normal, su estatura ya llega a mi pecho en solo unos días y su tronco requiere las dos manos para rodearlo; la chica vive, la conocí hace poco, esta feliz, por extraño que parezca, tiene la misma sonrisa que él, tan llena de paz y su voz al hablar es como la de un ángel, esa chica va a llegar muy lejos, le prometí visitarla seguido, recuerdo su nombre… Esperanza

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